Marguerite Barankitse

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Biografía

Para muchos es el ángel de Burundi por haber salvado a miles de niños de su pais, otros la llaman la loca de Burundi por su obstinado empeño en conciliar a hutus y tutsis, sea lo que sea, es de las pocas personas capaz de convencer a un hombre que va a matarla para que reconduzca su vida y se convierta en su chofer. Esta mujer está decidida en paliar el odio trival que ha causado y causa miles de muertes en su país, asegura que la mejor arma contra los machetes es el amor.

Marguerite Barankitse nació tutsi en una aldea de Burundi hace 50 años pertenecía a la familia real y decidió utilizar su dinero en ayudar a los más pequeños. Su lucha empezó en 1993 cuando fue elegido presidente Melchior Ndadaye de la etnia hutu, arrebatando el poder del que siempre había gozado la raza tutsi. Así empezó una espiral de matanzas que se cebó con la población civil. Cuando empezó el conficto Maggy, como le gusta que la llamen, era profesora acogió entonces a siete niños: cuatro niñas hutos y tres niños tutsis; y más tarde a un grupo de intelectuales hutus que se negaban a ser partícipes de la matanza, les llevó a una zona de la vecina Tanzania, pero pronto la descubrieron.

Machetes en manos los tutsis le obligaron a presenciar como mataban uno a uno a sus 72 protegidos, solo se salvaron los niños que habían logrado esconderse, ella rogó que acabaran con su vida para que ahorrase semejante horror, pero los de su étnia la dejaron vivir, para que aprendiera a no confraternizar con el enemigo. Maggy se quedó con aquellos 7 niños y los 25

hijos de los que habían asesinado delante suya. No hizo caso de la advertencia y cuando se recuperó de la masacre estaba más decidada que nunca a hacer algo. Su cómoda situación económica le permitió comprar una casa, los chavales dejaron de ser hutus y tutsis para convertirse en hermanos.

Más adelante heredó unos terrenos y construyó 40 casitas. La familia no dejaba de crecer, cada vez recogía a más niños y a los huérfanos se les unió enfermos de SIDA, niños soldados y mutilados. Así nació Casa Shalon, al principio ella misma corría con todos los gastos, hasta que Europa conoció su historia y varias organizaciones internacionales empezaron a enviar dinero al proyecto.

Maggy hace mucho más que vestir y dar de comer a los niños, les enseña un oficio y sobre todo es enseña a perdonar, a convivir en paz. Siempre cuenta a los más pequeños que la violencia es el arma de los débiles.

El ambiente de Casa Shalon nada se parece a un horfanato convencional. Maggy fomenta la idea de familia, invitando a los mayores de 16 años a adoptar a los más pequeños, gracias a la trascendencia que ha obtenido el proyecto muchos jóvenes obtienen becas para estudiar en universidades extranjeras.

Los que se han criado en casa Shalon se convierten en colaboradores, así y bajo el manto de Maggy Casa Shalon cuenta con ya 130 casa. Actualmente viven 120 pequeños desde recién nacidos hasta cuatro años, y otros 1000 de edades comprendidas entre los 4 y los 20 años.

Tal es el ambiente de sus centros que hablan del corazón de los más duros, una vez las milicias hutus atacaron el autobús donde ella viajaba, bajaron a todos los pasajeros les pusieron de rodillas y les dispararon. Cuando tocó el turno a Maggy les contó que no tenía testamento y si la acompañaban a casa les daría todo lo que tenía así además podría despedirse de sus hijos. Los milicianos accedieron por hacerse con el botín, cuando llegaron al centro una nube de niños salieron a recibirla con la mejor de las sonrisa. Los hombres fueron incapaces de hacerla daño y se marcharon.

Su labor le han valido varios premios internacionales entre ellos él de derechos humanos otorgados por el gobierno francés en 1998, ni en ese momento abandonó su lucha y su valentía le llevó a decir que la mano que le otorgaba esa medalla dejara de vender armas a su país.

En Burundi uno de los tres países más pobres del mundo hay 500.000 huérfanos y 5.000 viven en la calle. Maggy lucha por que buena parte de ellos tengan un hogar y sobre todo para que dejen atrás los rencores que mataron a sus padres.

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2 respuestas a “Marguerite Barankitse

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